La canción de mi añoranza. Isabel Oyarzábal, Embajadora de la República

La canción de mi añoranzaLa obra

Ciudad de México, 1945. Isabel Oyarzábal Smith (Málaga, 1878–México DF, 1974), en el exilio, ya no es la ingenua muchacha retratada por Ceferino Palencia treinta años atrás. Desde aquella época ha sido periodista en El Sol, novelista, autora teatral y actriz, feminista y fundadora de la Asociación Nacional de Mujeres de España y del Lyceum Club, Inspectora Provincial de Trabajo y Ministra Plenipotenciaria de la II República en la Legación de España en Suecia y Finlandia.

La autora

Isabel Lizarraga Vizcarra (Tudela-Navarra-, 1958) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, en Derecho por la Universidad de La Rioja, y ejerce como profesora de Lengua Castellana y Literatura en el IES Escultor Daniel de Logroño. Ha publicado libros de investigación como De Madrid a Ginebra: el feminismo español y el VIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer (2010) y Federico García Lorca y el teatro clásico. La versión escénica de ‘La dama boba’ (2001; 2ª edición, 2009) -ambos junto a Juan Aguilera― y ha editado las obras Tragedia de la perra vida y otras diversiones (2009) y Cómo sueñan los hombres a las mujeres (2009) de María de la O Lejárraga. También ha publicado la novela Escrito está en mi alma (2009; accésit del VII Concurso de Narrativa Femenina ‘Princesa Galiana’ de Toledo) y, entre otros, ha ganado el II y III Certamen Nacional de Literatura Infantil y Juvenil ‘Con el mismo papel’, así como el XXIV Premio de Narración Breve ‘De Buena Fuente’. Cándida (Editorial Buscarini, 2012), su segunda novela publicada, resultó finalista del V Premio Delta de Narrativa Escrita por Mujeres.

La canción de mi añoranza presenta ante los ojos del lector una singular metamorfosis: la joven rebelde e insatisfecha de finales del siglo XIX se transformará en una mujer moderna de vida plena y en una de las intelectuales españolas más relevantes de su época.

«La muchacha morena se ha convertido en esta mujer adulta, grave. Su boca carnosa se ha adelgazado en unos labios finos, firmemente apretados, acostumbrados a no dejar escapar ninguna queja; el flequillo desordenado ha desaparecido y queda a la vista la frente despejada, nimbada por un cabello entrecano, rizado. Y de la muchacha con mantilla y peineta, que una vez Cefe comparó con la efigie de Beatriz Galindo, sólo quedan bajo la frente soñadora, los ojos, esos ojos que aún mantienen, contra viento y marea, la determinación absurda del asceta o del suicida y, en la boca, el suspiro imborrable que clama ‘yo quiero’».

 



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